Una larga tradición cooperativista

La actual Sociedad Cooperativa Andaluza Unión de Viticultores Chiclaneros es heredera de una larga tradición cooperativista que tuvo su primera experiencia en Chiclana con la Colonia Vitivinícola de Campano, creada en 1884 por Manuel José Bertemati (Jerez de la Frontera, 1852-Lausana, Suiza, 1935). El sueño utópico del Marqués de Bertemati acabó con la filoxera, detectada en Chiclana en 1897 y que extinguió prácticamente todo el viñedo. En 1914, cuando aún la economía chiclanera –dependiente exclusivamente de la viticultura– aún se resentía de la filoxera, el padre Salado (Fernando Salado Olmedo, Chiclana, 1875-San Fernando, 1957) fundó el Sindicato de Obreros Viticultores, que tuvo una pequeña bodega en su sede de la calle Arroyuelo, 9.


En 1956, en el apogeo de la exportación en el Marco de Jerez, un grupo de viñistas crea la Bodega Cooperativa del Campo San Juan Bautista, destinada básicamente a la venta de mostos, con sede en la calle Santísima Trinidad. En 1962, el sindicato del Padre Salado –que entonces tenía 300 afiliados–votó mayoritariamente su integración en la nueva Bodega Cooperativa. En 1975, ya en sus nuevas instalaciones de la Avenida Reyes Católicos, contaba con 684 socios y vendimiaba 13 millones de kilos de uva, cifra que se mantuvo estable prácticamente hasta 1982. San Juan Bautista llegó a ser la mayor cooperativa vitivinícola de la provincia de Cádiz con más de mil socios y unas 1.200 hectáreas de viñas, ejemplo del tradicional minifundismo del viñedo en Chiclana.


En 1992 un grupo de 304 socios abandonan la Bodega Cooperativa del Campo San Juan Bautista –acabó desapareciendo en el año 2000, aunque prácticamente quedó sin actividad en 1991– y creó nuestra bodega, desoyendo las políticas de arranque de viñedos de la UE. La Sociedad Cooperativa Andaluza Unión de Viticultores Chiclaneros, que adquirió parte de las existencias y marcas de la anterior cooperativa, inauguró la actual bodega en el año 2000 sobre terrenos de marismas, colindantes con el polígono industrial de El Torno: tiene seis mil metros cuadrados, repartidos en once naves. En 2012, se vendimiaron 1.220.000 de kilos de uva procedente de 215 hectáreas de viñedos propiedad de 170 socios. Al año se produce en la actualidad unos dos millones de litros –cuatro mil botas– de mosto, siendo uno de los lagares donde más uva se moltura en el marco de Jerez. .


Los inicios

Vinos de Chiclana, vinos con historia

Los Inicios

En Chiclana no se atestigua el cultivo de la vid hasta el siglo VI a C., cuando los fenicios –que habían fundado en el islote de Sancti Petri el templo de Melkart– extendieron la comercialización y el transporte de vino por todo Occidente. En Sancti Petri se han localizado el mayor número de ánforas de vino en el sur de Europa, junto al poblado de Bahía Blanca y Sicilia. La dominación romana continuó con el cultivo vitivinícola en todo el Ager Ceretanus, como describió Columela. Incluso con la dominación musulmana, no dejó de producirse vino, aunque el viñedo se redujo. Repoblada en torno al Castillo en 1303, con la cesión de la villa por Fernando IV a Don Alonso Pérez de Guzmán, Chiclana va recuperando poco a poco el viñedo, aunque su mayor riqueza era el olivar. Ya en el siglo XV la existencia de viñas está bien documentada por la frecuencia en la que aparecen en la documentación municipal concesiones, licencias y reparto de tierras para el plantío de vides.
El Auge

Vinos de Chiclana, vinos con historia

El Auge

Será en el siglo XVI, coincidiendo con el comercio de vino a América, cuando el viñedo chiclanero se multiplique. Los testimonios históricos hablan de que Chiclana era “lugar de mucha granjería de viñas”, como describió el comendador Luis Bravo de Laguna en 1577. El historiador gaditano Agustín de Horozco dejó escrito: “An abierto en ella los vecinos de Cádiz grandes heredades de viñas, i con ellas i la de sus moradores tiene grande cosecha de vino i muy bueno”. La expansión vitivinícola seguiría en el siglo XVIII, alcanzándose 1.475 hectáreas en 1748. Ya entonces, el vino de Chiclana no sólo abastece las flotas de Indias sino que tiene notable aceptación en todo su entorno. En 1756, se promulgan las Ordenanzas de los Cosecheros de Vino de Chiclana, que tardarían diez años en ser aprobadas por el Real y Supremo Consejo de Castilla. Sin embargo, el esplendor decae con el siglo XIX, cuando con la ocupación francesa el viñedo chiclanero prácticamente desaparece.
Esplendor

Vinos de Chiclana, vinos con historia

Esplendor

En la segunda mitad del siglo XIX resurge de nuevo la viña chiclanera. A través de empresas exportadoras de Jerez la industria vitivinícola comienza a vivir una nueva época dorada, a la vez que se generaliza la venta de mosto a las principales bodegas de El Puerto de Santa María y Jerez. En 1876, el Rey Alfonso XII le concede el título de Ciudad a la Villa de Chiclana ante “el desarrollo de su industria y su comercio” , eminentemente vitivinícola. Coincidiendo con el ímpetu del Marqués de Bertemati, que en 1884 había creado la Colonia Agrícola de Campano, en 1892 Chiclana alcanza su mayor producción vitícola con 3.725 hectáreas. La filoxera arruina por completo el viñedo chiclanero. En 1911, cuando se registró una plaga de langostas que de nuevo dañó los campos de Chiclana, la producción de mosto ya se había prácticamente recuperado. En 1934, Chiclana se incluye en la zona de Producción del Consejo Regulador del Jerez-Xérès-Sherry, gracias al Padre Salado.
En la Actualidad

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En la Actualidad

La viticultura de Chiclana, en progresión paralela a las grandes bodegas del Marco de Jerez a las que abastece de mosto, va a vivir una época de bonanza a mediados del siglo XX. En el padrón municipal de 1970 figuraban 81 establecimientos bodegueros. En 1976, el viñedo llegó a su máxima extensión: 3.436 hectáreas. A partir de ese año, el sector vitivinícola comenzó un rápido descenso vinculado, entre otras razones, al auge del sector turístico, a la caída de los precios, a las políticas de arranque de viñas de la UE y a la caída del consumo. Hoy, cuando la superficie de viñedos apenas alcanza los 270 hectáreas, la vitivinicultura chiclanera pervive siendo todo un ejemplo de dedicación artesanal. La industrialización tan sólo afecta, a las tareas básicas de cuidado del terreno, en parte porque las viñas siguen siendo minifundistas. La mano y la sabiduría de viticultor sigue siendo decisiva en la notable calidad que hoy alcanzan los vinos de Chiclana.